
El domingo 23 de octubre de 2011 será recordado eternamente por los que amamos el motociclismo. La muerte de un piloto no es, para nosotros, la muerte de una persona más. Es la muerte de alguien que GP tras GP nos hacía vibrar, enamorarnos más aún de este deporte en el que lo que ha ocurrido hoy es parte del espectáculo. Todos lo sabemos. Pero ninguno lo esperamos.
Y el domingo 23 puede convertirse, sin quererlo, en uno de los últimos días sobre la moto del mayor mito que se ha montado sobre dos ruedas. Valentino Rossi fue parte de ese desgraciado accidente. Como Colin Edwards, sí. Pero la desgracia ha querido que dentro de la tragedia, Simoncelli fuese atropellado por su mejor amigo, "un hermano" como dice Vale. Y eso ya no es lo mismo.
Tengo que confesar que ver a Rossi desencajado, llorando incluso, me ha puesto la piel de gallina casi tanto como las imágenes propias del accidente. 'Il Dottore' nunca expresa con malos gestos los momentos difíciles. Al contrario. Siempre tiene una sonrisa y sabe contagiarnos esa sonrisa a sus fans. Sabe ser cómplice. Sabe engañarnos, tranquilizarnos. Pero hoy ni ha podido, ni ha querido. Rumores en Italia hablan de que está destrozado, hundido. Y no es para menos. Y los rumores apuntan también a que podría estar pensando en tirar la toalla.
Obviamente, todo esto son primero rumores y segundo, pensamientos en caliente. Imagino que Rossi se tomará su tiempo para decidir. Pero su cara, sus lágrimas, su dolor (y el nuestro, por supuesto), hace que los que le amamos, hoy estemos incluso más tristes, pensando que quizá, y repito, quizá, la pesadilla no haya acabado hoy. Quizá aún falte un día negro por vivir. El del adiós de Vale. Recemos por que no sea así, a la vez que rezamos por SuperPippo. Forza Vale. Siamo con té.
*No he considerado oportuno poner la foto de Rossi llorando. No quiero verla más. En su lugar, una foto emocionante y que a buen seguro, nos traerá grandes recuerdos.
Y el domingo 23 puede convertirse, sin quererlo, en uno de los últimos días sobre la moto del mayor mito que se ha montado sobre dos ruedas. Valentino Rossi fue parte de ese desgraciado accidente. Como Colin Edwards, sí. Pero la desgracia ha querido que dentro de la tragedia, Simoncelli fuese atropellado por su mejor amigo, "un hermano" como dice Vale. Y eso ya no es lo mismo.
Tengo que confesar que ver a Rossi desencajado, llorando incluso, me ha puesto la piel de gallina casi tanto como las imágenes propias del accidente. 'Il Dottore' nunca expresa con malos gestos los momentos difíciles. Al contrario. Siempre tiene una sonrisa y sabe contagiarnos esa sonrisa a sus fans. Sabe ser cómplice. Sabe engañarnos, tranquilizarnos. Pero hoy ni ha podido, ni ha querido. Rumores en Italia hablan de que está destrozado, hundido. Y no es para menos. Y los rumores apuntan también a que podría estar pensando en tirar la toalla.
Obviamente, todo esto son primero rumores y segundo, pensamientos en caliente. Imagino que Rossi se tomará su tiempo para decidir. Pero su cara, sus lágrimas, su dolor (y el nuestro, por supuesto), hace que los que le amamos, hoy estemos incluso más tristes, pensando que quizá, y repito, quizá, la pesadilla no haya acabado hoy. Quizá aún falte un día negro por vivir. El del adiós de Vale. Recemos por que no sea así, a la vez que rezamos por SuperPippo. Forza Vale. Siamo con té.
*No he considerado oportuno poner la foto de Rossi llorando. No quiero verla más. En su lugar, una foto emocionante y que a buen seguro, nos traerá grandes recuerdos.
